En una semana crucial para el futuro de Londres y Bruselas, el brexit lleva rumbo de colisión.
Los británicos van camino de una salida abrupta de la Unión Europea para el brexit ante la incapacidad de la primera ministra Theresa May de forjar una mayoría parlamentaria suficiente que apruebe el acuerdo que alcanzó con la Comisión Europea y que ya validaron los otros 27 gobiernos del bloque, difundió EL TIEMPO.
El Parlamento británico debe votar el acuerdo el próximo martes 15 de enero, pero salvo sorpresa los votos a favor del pacto son insuficientes.
May podría aplazar una vez más la votación –ya lo hizo en diciembre– o dirigirse a una casi segura derrota política que pondría al país al borde de la salida abrupta. Sería un escenario caótico de consecuencias catastróficas para la economía británica.
Mientras May bracea para salvar el acuerdo, en Bruselas no hay excesiva voluntad de ayudarla.
May telefoneó el viernes pasado al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y volverán a hablar esta semana, pero un portavoz del Ejecutivo comunitario dijo ayer que esas conversaciones son apenas de cortesía porque ya no hay nada que acordar.
Los equipos negociadores no tienen prevista ninguna reunión, explicó ese portavoz, “porque ya no hay nada que negociar”. El único acuerdo posible, repite Bruselas desde hace semanas, es el que está sobre la mesa. Londres tiene tres opciones: aceptar el acuerdo (que no convence ni a los eurófobos ni a los eurófilos), rechazarlo y salir de la UE de forma caótica o revocar el proceso.
Johan Bjerkem, analista especializado en el brexit del European Policy Centre, explicó a EL TIEMPO que duda que “los 27 vayan a aceptar cambios en el acuerdo. No es solo la posición de las instituciones de la Unión Europea y Bruselas. Los Estados miembros también han repetido que no habrá cambios”.
Lo máximo a lo que podría aspirar Londres sería a una promesa europea de que la Unión Europea firmará en 2021 un tratado comercial con Reino Unidos –lo negociado hasta ahora son únicamente los términos del divorcio–, un plazo muy corto teniendo en cuenta los antecedentes: el tratado comercial con Canadá, mucho menos ambicioso que el previsto con los británicos, tomó siete años de negociaciones.El Gobierno británico, que a su vez busca los votos necesarios para aprobar el acuerdo, intenta preparar al país para el escenario de una salida sin acuerdos y los previsibles efectos caóticos que puede provocar.
Una caravana de 89 camiones participó ayer en el primero de los ensayos para reducir las filas y esperas que pueden provocar los controles de aduanas que se implantarán en los puertos británicos tras el 29 de marzo si no se aprueba el acuerdo con el bloque europeo.
El ensayo es difícil de entender como medida preparatoria porque por la ciudad costera de Dover pasan cada día 12.000 camiones, por lo que 89 difícilmente podrían generar el caos que harían 12.000 bloqueados por procesos de aduanas que en la actualidad no tienen que cumplir.
Quienes sí parecen preparadas para un brexit sin acuerdos son las instituciones financieras de la City londinense, segunda plaza financiera del planeta tras Wall Street y primera de Europa. Un informe de la consultora Ernest & Young asegura que bancos y otras firmas financieras han trasladado en los últimos dos años y medio desde Londres hasta capitales europeas unos 800.000 millones de libras, más de 1 billón de dólares.
























