Ayer en horas de la tarde se conoció del fallecimiento de uno de los personajes pintorescos que alegraba las festividades en el municipio de Tame. Se trata de El Loro, Julio Enrique Álvarez quien murió el día de ayer cerca de las 1:00 de la tarde. En este artículo lo recordamos.
Julio Enrique Álvarez Córdoba, más conocido como “LORO”, es uno de esos personajes pintoresco, alegre, bullanguero, cordial, que ama su tierra, trabajador muy reconocido en el Municipio de Tame.
Lo recordamos desde su juventud como un personaje infaltable en las fiestas de Tame, le ponía el corazón y entusiasmo necesario para hacer unas buenas fiestas, inclusive encarnaba un personaje en el evento patronal de Tame “el rey de los feos”, que terminaba con una corona hecha de tapas de cerveza.
Nació en Tame, el 12 de abril de 1.933, hijo de Cleofas Álvarez y Rosalbina Córdoba, quienes le dieron estudio hasta tercero de primaria, en la escuela donde hoy está ubicada la estación de Policía, con la profesora Sor Vicenta.
Se crio cargando palma; Y madera en bueyes, transportaba agua desde el Gualabao, utilizando en un burro como medio para las familias más pudientes, como la de don Abelardo Bravo y María Riaño, cuyo precio por viaje valía 10 centavos.
Se casó a los 21 años con Ana Elvira Saavedra Espinoza, con quien tuvo siete hijos, cinco varones y dos hembras.
Además, le tocó jornalear echando peinilla, en fin, se rebuscó para salir adelante con su familia, que trabaja arriando ganados inclusive de cagón (personaje que trabaja arriando ganado) posteriormente le trabajó a la empresa Avianca, tanqueando los aviones DC-3 durante cuatro años.
Luego se vinculó con la Aero civil, haciéndole mantenimiento a la pista de aterrizaje que en esa época era de arena, no pavimentada. Su sitio de trabajo siempre fue el aeropuerto General Vargas Santos, durante 30 años manejo la cafetería, siempre este aeropuerto fue un sitio no solo de abordaje sino también de tertulias y tragos, Loro era su animador.
Recuerda que su pasión han sido los matachines y dedica todo su esfuerzo a no dejar desaparecer esta expresión cultural; trabaja haciendo máscaras y trajes para que en los diciembres no falte la alegría.
Manifiesta que, desde niño en 1.939, en el barrio la Quirifera era el centro de celebración de la navidad, allí unos hombres se disfrazaban de mujer, y otros de diablo, indio, la llorona o la muerte, bailaban al ritmo de la música que tocaba don Silvestre Domínguez y Basilio Domínguez.
Durante esos años todos los adornos los hacían en papel periódico, en esa época no había papel seda, a las vejigas de las vacas, se le secaban la orina, las inflaban y las secaban al sol, luego las amarraban al mandador y con esto infundían miedo a los transeúntes.
Tame, debe reconocer el aporte cultural de Enrique Álvarez, la animación y la alegría que tuvieron las fiestas patronales durante la época que LORO, le puso todo su empeño, hoy recibe el aplauso y el reconocimiento de los tameños.
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