Nos ha costado mucho tiempo, veinte años desde ese 28 de junio de 2002, cuando a manos de alias “Tolima” y uno de sus sicarios, interceptaron a Efraín Varela Noriega quien cumplía una cita en la Universidad Nacional a las afueras de Arauca, para asesinarlo no sin antes anunciárselo y con ello torturarle psicológicamente. Llevamos 20 años recapitulando este horrible episodio en la vida de los araucanos, pero sobre todo en la de su amada esposa Evelin (Q.E.P.D.), su adorada hija Mabel y la razón por la que este gran hombre cambió positivamente muchos aspectos de su cotidianidad, su querido nieto Jacobo Efraín. Para sus amigos, para su familia, para sus compañeros de labores y colegas, para la libertad de prensa, para su audiencia y para el establecimiento en Arauca, la perdida fue enorme. Silenciaron a la fuerza a la verdad, esa misma que hoy reclamamos en honor a los otros miles de muertos que el abuso del poder de manos de indolentes e inhumanos personajes, que han pisado este territorio como si fuera su infierno, aquel en el que aún creen que pueden transitar sin el más mínimo reparo de vergüenza o arrepentimiento.
Por eso, que hoy la Comisión de la Verdad entrega su informe después de escuchar a víctimas y victimarios, se puede considerar una casualidad con el dolor que aún nos causa el desconocer al autor intelectual del magnicidio en la persona de Efraín, porque se debe catalogar como tal, porque callaron a un hombre que hablaba franca y directamente, que develó los planes de los paramilitares en el territorio que trajeron consigo horrendas masacres como jamás nos imaginamos que pudiéramos tener conocimiento en nuestro departamento, porque combatió la corrupción denunciando cada actuación que en ultimas afectó el futuro de Arauca, porque denunció los actos atroces de la guerrilla y la conspiración que tejía el destino nefasto de un departamento asediado por la ignominia de su pueblo. Por eso reclamamos justicia a través de la verdad y no de la burla que ha representado todos estos años de estrategias jurídicas para eludir responsabilidades y hacerle el quite a la justicia, abanderando la impunidad como un recurso adicional de cobardía con la misma con la que se hizo y deshizo en Arauca.
Hoy nos acercamos a la verdad a través del “Informe Final”, y nos ocuparemos especialmente de los capítulos que le hayan correspondido a nuestra Arauca, hay esperanza para que todos asuman su responsabilidad, la guerrilla, los paramilitares y las fuerzas del Estado colombiano que se vieron involucradas de muchas formas para propiciar el terror y el dolor en las gentes buenas de Arauca. Queremos saber la verdad, que se sepan dónde están los cuerpos desaparecidos, los autores de homicidios, secuestros y que hoy gozan de total impunidad. Queremos nuestro territorio en paz, sin guerra, sin esa supuesta seguridad que no brinda seguridad, sin narcotráfico y sin el terror de la incertidumbre que limita las libertades. Honramos la memoria de los asesinados por las distintas formas de odio que han querido mandar y dominar, honramos a los desplazados y los dañados en su integridad por su origen étnico, por su preferencia u orientación sexual, por los que han condenado al exilio, por las madres, por todos los inocentes que como siempre nada tienen que ver con este conflicto.
Esperaremos la verdad, difundiremos la verdad. Por nuestra Arauca, por nuestro futuro y por la paz que merecemos.
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