Por el Padre Jhin Martínez Balaguera
“Hoy asistimos en ARAUCA al espectáculo de la muerte, porque ella se convirtió en nuestra ama y señora, con la muerte nos amenazamos, con la muerte se desplaza y se destierra a los hermanos, todos tenemos miedo y por miedo hasta matamos” son las palabras que un día nuestro obispo Mártir Jesús Emilio Jaramillo pronunció en el asesinato de un joven en Arauquita.
Y 33 años después estas palabras sigue siendo proféticas, dolorosas pero también muy reales, que cobran vida en cada acontecimiento de dolor que nos produce esta guerra absurda que se quiere apoderar de nuestras tierras Araucanas, con el gravísimo peligro que nos acostumbremos a la violencia o terminemos legitimando como necesaria para solucionar las injusticias o la ausencia del estado en nuestra tierra Araucana.
ARAUCA tiene nombre de mujer y como mujer es madre, es hermana y es hija, es una madre que todos los días llora porque tiene que recoger a sus hijos que son asesinados por el odio, la envidia y la difamación; como hermana sufre la pérdida de una parte de su historia y de su vida y como hija sufre el desamparo y el olvido al que es sometida por la crueldad de la violencia.
Esta mujer (ARAUCA) es la imagen de la Virgen María al pie de la Cruz que contempla la crueldad de quienes olvidaron el mandamiento del amor, de quienes impulsados por sus intereses personales siguen crucificado al Señor en cada hermano que es asesinado a la vera del camino.
Hoy seguimos asistiendo al espectáculo de los que juegan al poder o creer que son “ dioses” que pueden definir quién vive y quién no, que pueden desplazar o convertir a sus hermanos como objetos que se negocian en el secuestro o la extorsión. Asistimos a la lucha de la vida con la muerte, del poder de las armas al silencio del amor, del abrazo fraterno y sincero que se pierde por el miedo y la desconfianza que nos tenemos unos con otros, para no ser ubicados en una facción o en la otra.
Nuestra amada ARAUCA necesita que sus hijos se amen y se respeten, qué trabajos por la justicia y la unidad, que como hermanos superemos los odios y egoísmos que nos dividen, que como hijos no importa la diversidad porque con ella construimos armonía, el problema es la uniformidad y el querer ubicarnos como si fuéramos ovejas de su propiedad para manipular y someter.
Que pare este espectáculo, que pare el miedo, que pare la muerte de tantos hermanos, no importa su pasado, importa su vida, su historia, su familia, importa que es hijo de Dios. Por eso hoy más que nunca necesitamos fortalecer las familias, fortalecer la formación ética y ciudadana, el cambio y la transformación es posible si entre todos nos unimos y dejamos de pensar que son las armas las que solucionan los problemas, los grupos armados en nuestra muy amada ARAUCA solo nos han dejado miedo, tristeza, estancamiento en el desarrollo, pero sobre todo desolación y muerte.
Acojamos las palabras del que murió en la cruz “ amados los unos a los otros como yo los he amado” solo así cesará la horrible noche y si no con dolor lo digo, no vivimos en ARAUCA, sobrevivimos en ella y de todas las injusticias y violencias a las que somos sometidos.
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