“El esfuerzo continuo, y no la fuerza o la inteligencia, son la clave para desbloquear nuestro potencial”. Winston Leonard Spencer Churchill.
El mundo experimenta una tensión lógica entre la supervivencia y el ejercicio de las garantías fundamentales, pero esta vez la tensión no se impone por la voluntad exclusiva del hombre, sino por autoridad de la naturaleza. Llevamos años escuchando a científicos advertir de las graves afectaciones y el impacto que el humano ha generado al planeta. Lo anterior, nos obliga a preparar una respuesta tardía para contener y mitigar los efectos de la pandemia del Covid-19. Los estados de forma descoordinada y con profunda improvisación han enfrentado la enfermedad, algunos han logrado ser más efectivos que otros, como es el caso de los asiáticos que gobiernan con regímenes autocráticos, en donde las medidas han sido drásticas e inconsultas, conllevando una mayor limitación del ejercicio de libertades públicas y derechos fundamentales. No obstante, el bloque europeo que nos tiene acostumbrado a sus respuestas casi que inmediatas y efectivas en asuntos económicos, en la actual crisis se ha desboronado en fuertes reclamos a Italia y España por la inacción ante los llamados del mundo científico.
Lo cierto es que no va existir respuesta global a la pandemia, y cada estado debe adoptar las medidas internas que le permita sobrevivir a la emergencia sanitaria. En Colombia, se decretó la emergencia sanitaria y el estado de excepción, con estos instrumentos extraordinarios el Gobierno Nacional busca incansablemente mitigar el aumento exponencial del virus; hasta la fecha, podemos afirmar que la medida de aislamiento preventivo obligatorio ha detenido el ascenso vertiginoso que se esperaba en los países de Suramérica, pero no todo es conformidad, toda vez que millones de ciudadanos han perdido sus fuente de recursos económicos para solventar las necesidades básicas, esta situación, en si misma, representa el más grande reto del Gobierno Nacional y Territorial, por cuanto, los programas sociales son insuficientes, especialmente para paliar la crisis social y sanitaria que vive nuestro país, crisis que viene siendo exacerbada hace algunos años por la diáspora venezolana y profundizada por el Covid-19.
Así las cosas, al estado colombiano en su conjunto, no le queda otra opción que apelar al sentido del interés superior, esto es, ponderar los derechos que se encuentran en conflicto y hacer prevalecer aquellas garantías que tengan un mayor peso natural y jurídico para garantizar la supervivencia, lo que a todas luces y sin lugar a equívocos, dará paso a mantener medidas como el aislamiento, los toques de queda y el estado de excepción prolongado. El tiempo futuro nos traerá una “nueva normalidad”, término acuñado por la Vicepresidenta de la República, que no significa otra cosa que nos veremos avocados a cambiar nuestro estilo de vida, nuestra rutina desaforada y consumista, nuestro individualismo marcado por los privilegios sociales desbordados, y por supuesto, una evidente limitación de derechos y garantías, como único camino ético para preservar el bien superior, la vida.
























