La vorágine de hechos coyunturales que se han desprendido de la pandemia, ha llevado a que se pasen por algo realidades estructurales que ameritan ser discutidas. Para el departamento de Arauca, una de estas situaciones estructurales tiene que ver con las cifras del mercado laboral, presentadas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística -DANE- el 15 de abril del año 2020.
En el Boletín Técnico socializado en esta fecha, la entidad estatal encargada de recopilar y difundir las estadísticas oficiales de producción y empleo, presentó la crítica situación del mercado laboral en las ciudades capitales de los departamentos de la Amazonía y la Orinoquía. En este registro, lamentablemente Arauca se destaca como la ciudad capital de estas zonas del país con la tasa de desempleo más alta, alcanzando un escandaloso 27,2%.
Y son varias las razones que nos llevan a catalogar esta tasa de desempleo como escandalosamente alta. En primer lugar, la comparación con las demás ciudades relacionadas en el informe, deja entrever que Arauca registra una tasa que casi duplica el promedio de todas las capitales, que es casi siete y tres veces mayor que ciudades como Leticia y Yopal. Así mismo, tal como puede apreciarse en la gráfica a continuación, es increíble como la tasa de desempleo se ha duplicado en los últimos 8 años, ante a mirada impávida de entidades gubernamentales del orden territorial y nacional.

Fuente: DANE (2020)
Ahora, como si esto no fuera suficiente, hay otros aspectos preocupantes que se vislumbran en las cifras relacionadas en el mencionado Boletín. En primer lugar, es imposible no referenciar el crecimiento del subempleo objetivo y subjetivo, consistentemente más alto que el promedio de la muestra de ciudades capitales referenciadas, y ubicados en el 14% y el 29% respectivamente. Esto significa básicamente, que una parte importante de las personas que tienen la fortuna de contar con un trabajo, se encuentran desarrollando actividades que no están acorde con sus capacidades y expectativas.
Un segundo aspecto a considerar, tiene que ver con la distribución de los puestos de trabajo en las diferentes ramas de actividad económica, ilustrada en la gráfica número 2. De los casi 29.000 empleados que se registran en Arauca, más del 67% se ocupan en actividades relacionadas con el Comercio, Hoteles y Restaurantes (37,04%) y los Servicios Comunales, Sociales y Personales (30,08%), mientras que los empleados en actividades del sector agrícola y de explotación petrolera apenas si superan el 6% del total. Estos datos son particularmente relevantes en la coyuntura de cuarentena, pues la evidencia ha demostrado que precisamente los sectores más afectados han sido los que más empleo generan en Arauca, por lo que, extrapolando un poco las cifras del orden nacional, no sería descabellado afirmar que en los meses de abril, mayo y junio del presente año, el desempleo ha alcanzado cifras superiores al 50%.
Gráfico 2. Porcentaje de ocupación por rama de actividad económica año 2019 – Arauca

Fuente: DANE (2020).
Un tercer y último aspecto que queremos resaltar en esta columna, tiene que ver con las condiciones bajo las cuales trabajan las personas en Arauca capital. De acuerdo a las cifras oficiales del DANE, y tal como podemos apreciarlo en la gráfica 3, un poco más del 52% de los individuos empleados lo hacen por Cuenta Propia, en otras palabras, viven del rebusque y en su gran mayoría se encuentran en la informalidad, sin ningún tipo de acceso a la protección social elemental. Dentro de las fuentes formales de empleo, destaca el sector público, que de acuerdo con lo registrado, ocupa a casi el 7,5% de los trabajadores de la ciudad.
Gráfico 3. Condición Laboral Año 2019 – Arauca

Fuente: DANE (2020)
Las cifras reseñadas dan cuenta de un diagnóstico claro y concreto: el mercado laboral en Arauca esta signado por la precariedad, la informalidad y la falta de garantías. Es un mercado que, en virtud a su composición, es particularmente vulnerable frente a las coyunturas de insuficiencia de la demanda, situación que precisamente se ha exacerbado en la actual coyuntura de pandemia. De igual forma, es un mercado desbalanceado, en el cual los sectores de mayor peso en la producción, tienen una importancia muy marginal, lo que termina por entorpecer las dinámicas de encadenamiento productivo y generación de valor.
Con un diagnóstico tan claro y fácilmente accesible para quienes toman decisiones, es difícil de comprender la ausencia de políticas públicas oportunas y contundentes. Los documentos que en este sentido se han construido, tanto para el departamento como para la ciudad capital, se han limitado a recoger las directrices emanadas del Ministerio del Trabajo. Así, contamos con documentos que procuran por El Trabajo Decente, que se orientan a promover procesos de flexibilización como el Teletrabajo, pero que de ninguna manera recoge las necesidades y las expectativas del territorio.
Se requiere, más allá de documentos grandilocuentes que queden como “un saludo a la bandera”, es la implementación de medidas concretas. En primer lugar, como ya lo he dicho en columnas anteriores, es indispensable consolidar todo un sistema de seguimiento y monitoreo, que facilite un diagnóstico mucho más oportuno en el tiempo y que sea más incluyente en términos territoriales. Igualmente, se requiere un proceso de fortalecimiento empresarial, pero dejando de lado la tradicional visión que se concentra en el flujo de efectivo y el capital de trabajo, priorizando la Formación Bruta de Capital como la variable esencial. Promover la formalización laboral sin duda es igualmente clave para garantizar el acceso a los servicios básicos de seguridad social. Por último, se requiere promover encadenamientos productivos alrededor de las actividades productivas más importantes, para lo cual se requiere que se promueva la apropiación de la ciencia, la tecnología y la innovación en los procesos productivos, facilitando y promoviendo las dinámicas de generación de valor agregado.
Evidentemente, no son procesos fáciles ni de resultados inmediatos, sin embargo, si son indispensables. Deberemos escudriñar más a fondo en los Planes de Desarrollo territoriales, con el objetivo de conocer si los programas y proyectos concebidos apuntan en la dirección correcta. Los gobiernos locales están en mora de hacer algo que permita contrarrestar esta compleja situación.
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