Salvar el único centro hospitalario con el que cuenta la capital del Departamento de Arauca, es el mayor reto que tiene sobre sus hombros el actual Gobernador Facundo Castillo, quién pese haber recibido el respaldo mayoritario en las pasadas elecciones -gracias a una estrategia de campaña basada en la experiencia como administrador y su arrolladora personalidad-, hoy se defiende ante la justicia disciplinaria, penal y fiscal, por los sendos errores que muy pronto cometieron los secretarios de despacho y asesores de la entidad territorial.
Pues bien, en el país son diversos los ejemplos de experiencias exitosas que han permitido rescatar hospitales públicos, todos, por supuesto, sumergidos en profundas crisis financieras, por cuenta principalmente del cáncer de la corrupción, el cual no respeta que los recursos de la salud son sagrados y están destinados a salvar vidas. Solo para puntualizar un ejemplo, tenemos el caso del Hospital Universitario del Valle “Evaristo García”, que inició su proceso de rescate en el año 2016, con un déficit mensual aproximado de 6.500 millones, y deudas por pagar cercanas a los 286.000 millones. En ese entonces, la también médica cirujana Dilian Francisca Toro, Gobernadora del Valle, no vaciló en cambiar el enfoque en la administración, y adoptó medidas extremas pero necesarias para salvarle la vida al Universitario del Valle.
Ciertamente, el gobierno actual tiene experiencia en la administración de recursos de la salud, pero los resultados han sido desastrosos, razón por la cual deben experimentar urgentemente estrategias disruptivas; es decir, para obtener resultados diferentes, se deben implementar acciones diferentes; reconociendo en primera medida, que el Hospital es una empresa; social del estado; pero una empresa; que produzca como todo negocio una utilidad, y la distribución de sus ganancias estén dirigidas al beneficio común y no al particular. Las prioridades en una empresa social del estado tienen como objetivo básico, el bienestar de los usuarios; y el objetivo básico financiero es la supervivencia y el desarrollo, entonces; la destinación del excedente es la reposición del capital de trabajo y activos fijos, entre esos, el pago de la deuda (Arroyave, 2001, pág. 6).
Lo anterior, parece simplemente conceptos teóricos, que los miembros de la junta directiva del Hospital deben tener suficientemente claros; pero no es así, porque no obstante, que durante las pasadas elecciones se estructuró un programa de gobierno que dejó ver diversas soluciones electorales respecto de la salud en el departamento, lo cierto es, que no hay planeación estratégica, no existen ejes claramente definidos en los cuales se soporte el rescate financiero de la entidad; o por lo menos, en el lenguaje de los directivos de turno no se identifican términos básicos y fundamentales como: la reactivación empresarial y la reestructuración para asegurar la función social de la empresa y lograr el desarrollo armónico.
Con ese triste panorama es recibida la nueva directora de la empresa social de los Araucanos, a quien seguramente no le hicieron entrega de una carta de navegación, sino de una lista de problemas administrativos y financieros, plagada de peticiones y acciones legítimas encausadas por empleados, acreedores y sindicatos, los cuales no otorgaron más espera ante la indecisión e improvisación administrativa.
El Hospital San Vicente de Arauca no se rescata solo, por tal razón el control social y ciudadano se encuentra dirigido a exigirle a los directivos que se eliminen las prácticas clientelistas, que han permitido que las utilidades de la empresa terminen en manos de particulares, quienes han tomado el centro hospitalario como la mejor fuente para ostentar riqueza. La nueva líder de la entidad tiene el deber de asesorarse de personal técnico e idóneo, que la acompañe en la elaboración de la estrategia de salvamento, la cual debe ser puesta en marcha en el menor tiempo posible; pues si bien es cierto el rescate financiero requiere de varios años, el fortalecimiento de la dirección y los sistemas de control no otorgan más espera, debido a que las necesidades básicas que están relacionadas con el mínimo vital de los empleados, han sido amparadas por los jueces de la república, lo que sin duda coloca en una situación difícil a la recién posesionada directora.
No todo está perdido, como lo reportó revista Semana en su momento, el Hospital Universitario del Valle al primer trimestre del año 2018 reportó facturación alrededor de los 25 mil millones, a diferencia de los 5 mil que facturaba en el año 2016; año en el cual tomaron la decisión de rescatar la entidad; así mismo, expresan con orgullo la apertura de nuevos servicios y convenios de acuerdo a las necesidades del entorno; todo, soportado en una adecuada administración con gobernanza y buenos procesos de facturación, que se refleja en la excelente prestación del servicio, lo que a todas luces permite sostener el equilibrio financiero, utilizando los instrumentos que la ley 550 de 1999 ha diseñado para la reorganización de empresas. (¿Qué hizo el Valle del Cauca para recuperar su hospital público?, 2018)
A la misma conclusión llegó Ulahy Beltrán (Médico Cirujano y Especialista en Gerencia de Servicios de Salud) quien sostiene que la “experiencia del “Evaristo” muestra que con personas capaces; administraciones territoriales que apoyen sin condiciones el proceso; y gestión gerencial, se evita la liquidación de hospitales, se recupera la credibilidad en sus instituciones y en quienes las dirigen, y se salvaguarda el derecho a la salud; especialmente de los más pobres, que son los que acuden a estas entidades.” (Beltrán, 2017)
Alternativas reales como el acuerdo de punto final del Gobierno Nacional; el traslado de recursos territoriales por la emergencia; y el giro directo de recursos que le deben las EPS, están dentro de las acciones que se esperan a corto plazo; las dos últimas son posibles dentro de la competencia de la entidad territorial; sin embargo, es imperioso implementar un nuevo enfoque en la administración departamental, que haga prevalecer el interés general, sustentado en los principios de moralidad, eficacia, economía, celeridad e imparcialidad que desarrollan la función pública.
Los pesimistas tienen razón en decir que estoy siendo muy exigente para los pobres resultados a los que nos tienen acostumbrados; para ellos; la frase de un líder en tiempos de crisis: «Soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa». Churchill.
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